Sunday, March 22, 2009
posted by Spooky at 8:11 PM

Mi papá siempre me dijo: “la gente no se acerca a ti porque tú no la dejas conocerte… tengo miedo a que te quedes solo por ser demasiado selectivo con las personas que te rodean”. Gran consejo. Es más, si yo fuera Simba, mi papá sería Mufasa, porque es sabio, elocuente y valeroso como él (afortunadamente no se ha caído de un risco sobre una estampida).

Con este consejo a cuestas, recuerdo que ingresé a primer año del plan común de ingeniería, por allá por el 2003, con la idea de dejar que la gente se acercara a mí y darle una oportunidad de agradarme, a la vez que yo intentaba agradar también.

Cuando llegué a la sección 3 (desde la sección 2, larga historia), una de las primeras personas que me habló fue Emerson. Y vaya que fue un abordaje curioso, pues yo me encontraba revisando el fichero afuera de la sala Q10 cuando apareció…

“Oye, yo vengo recién llegando a clases… ¿dónde dan los apuntes?” – me preguntó.

“No lo sé, es que los repartieron en la sala” – le dije.

“Sí, lo sé… por eso te dije que vengo llegando recién” – me respondió.

Pues bien, no recuerdo si precisamente el diálogo fue así, sin embargo, recuerdo que a la segunda intervención de Emerson yo ya me encontraba desmotivado. Cada vez que emitía una frase, sentía que mi motivación iba en decaimiento exponencial (go ñoño!), pero mientras veía su boca moverse, imaginaba a mi papá en una nube de comic diciéndome: “no le cierres la puerta a la gente Simba, hay gente valiosa que esconde su valor…”. Aunque yo pensaba que Emerson tenía su valor bien escondido, decidí hacer caso a mi padre y seguir descubriendo rasgos de su persona.

Conforme los días pasaban, Emerson me buscaba para conversar, para sentarse junto a mí en las clases, para comparar tareas y, lo que más detestaba, para *comentar los controles de 3 horas una vez rendidos*. Sí, Emerson amaba rehacer prácticamente completos los controles una vez aplicados, práctica que a mí me provocaba un disgusto enorme.

“No me digas que no te salió esa pregunta… si era la más fácil, mira, se hacía así…”, “Pero si esa pregunta era el regalo del control… ayy, parece que estudiaste mucho y no te sirvió tanto”, “No, mira, si me va mal es porque me ahuoné, porque estaba botado el control”, eran algunas de sus frases más solemnes. Recuerdo incluso alguna vez haber presenciado a mi primer amigo en la universidad, a Francisco, con su tradicional estilo directo y seco, deteniendo a Emerson y su arrogancia característica (de todos modos, Emerson nunca obtuvo una nota superior a mí, en ningún control… ja!, go nerd!).

Emerson se volvió mi compañero fiel, el que me guardaba asientos, el que me explicaba si no entendía, el que me repetía lo que el profesor acaba de decir, el que me retaba si estaba atrasado con el estudio… uff!, un licuado de cosas buenas y malas que me hacían sentir “socialmente a prueba”. “Christian, es una prueba de la vida, Emerson quizás es un ángel enviado por Dios para probar tu humildad y tu paciencia… no lo odies”, intentaba convencerme.

Sin embargo, cuando el semestre llegó aproximadamente a la mitad, conocí a quién sería mi primer gran amigo (o sea, mi yunta) hasta hoy en la mítica Universidad de Chile: Gabriel. A partir de ese momento, las historias con Emerson pasarían a ser de risa y carcajada total.

 
Monday, December 08, 2008
posted by Spooky at 1:34 AM
Entonces me dirigí a "Rotter y Krauss" para comprar mis nuevos lentes. En ese momento me di cuenta que tenía que enfrentar la delicada decisión estética de qué marcos comprar totalmente solo. Extrañé a mi amiguita con la que entro a los probadores de FES para aconsejarme y también a mi hermana, que se encarga de recomendarme estilos y prendas cuando salimos juntos.

Cuando me enfrenté a la chica del mostrador, observé que era joven y de apariencia simpática. "Explotaré el lado de la simpatía para obtener feedback" - pensé.

"Bueno, veamos los marcos... mira, nuestra oferta para jóvenes va por esta línea" - introdujo.

Comencé a probarme muchos marcos diferentes, mientras escuchaba "Vogue" de Madonna de fondo en mi cabeza, al estilo "The devil wears Prada" (ok, si usted me conoce sabe que soy una persona muy racional, centrada y sensata, pero mi cerebro hizo la asociación inmediata con esa canción en ese momento... muy oportuno, ¿no?).

"Mmmh, éste me queda bien... ¿qué opinas tú?" - la interrogué.

"Se te ven regios" - sentenció, acrecentando el efecto "Vogue" con su adjetivo. "Prueba con estos", me sugirió, seleccionando unos marcos redondos, gruesos, de color café.

"Ayy no, se ven muy de viejo, ¿cierto?" - le respondí mientras la miraba.

"Sí, se te ven mejor los cuadrados y más delgados" - concordamos.

Cuando había preseleccionado alrededor de 10 marcos distintos, no sólo por factores estéticos sino por su precio (es sorprendente pensar que un marco puede llegar a costar 180 mil pesos... ¡sin cristales!), nos dirigimos a su escritorio de cristal (vanguardista y estiloso).

"A ver, hagamos algo... estas decisiones en general no las tomo solo" - comencé. "Tienes que opinar como si fueras mi mejor amiga... no como la chica de 'Rotter'... ¿te tinca?".

Mi interlocutora me miró con sorpresa al principio, pero instantáneamente disfrutó de la idea, respuesta que noté cuando esbozó una gran sonrisa y efectuó un aplauso rápido de alegría.

Juntos con mi nueva amiga redujimos la selección de 10 a 5... luego de 5 a 3. Cuando los 3 marcos finalistas se encontraban ante nosotros, le propuse: "Ya, ahora que nos quedan 3, te propongo lo siguiente: votemos en secreto. Tú escoge el que mejor me queda, yo hago lo mismo y luego comparamos. Me los voy a probar de nuevo y votamos".

Ella nuevamente demostró que adoraba la idea con una gran carcajada y un aplauso. Cuando logró controlar su excitación, puso "cara de poker" y comenzamos la ronda de modelaje con los 3 marcos finalistas.

Cuando terminamos comencé yo: "bueno, yo me decido por éste, porque es una buena relación entre precio, diseño y comodidad. ¿Qué pensai tú?".

Totalmente nervioso esperé por su respuesta...

"¡¡YO ESCOGÍ EL MISMO!!" - dijo, sin disimular su alegría. "Te ves muy guapo con ése".

En ese instante me sonrojé y le dije: "Ufff, qué bacán que coincidimos al primer intento...".

"Es que es el mejor, por lejos, te queda demasiado bien. Incluso te puedes dejar crecer barba" - me sugirió.

Felices de la vida por nuestra sincronía, definimos los detalles del pago y del plazo de entrega.

Así, gracias al apoyo moral de la chica Rotter y a un proceso de selección exhaustivo y rigurosamente científico, hoy luzco así... ¿qué opinan?

 
Friday, December 05, 2008
posted by Spooky at 9:42 AM

Este año decidí poner fin a la irresponsabilidad con que había enfrentado mi salud visual: decidí ir al oftalmólogo para una revisión general, además de verificar que mis lentes, que en ese momento estaban diseñados para solucionar mi astigmatismo, eran los apropiados aún, pues habían transcurrido alrededor de 3 años desde mi última visita. No obstante, en esta ocasión decidí cambiar mi especialista, pues con mi padre asistíamos al mismo y, al requerir una segunda opinión en Integramedica, se dio cuenta que había sido mal diagnosticado.

Con este antecedente, visité Integramedica Plaza Oeste (que hoy parece consultorio municipal debido a sus salas de espera atiborradas y niños llorones). Mi sorpresa fue mayúscula cuando el oftalmólogo me diagnosticó miopía...

"Christian, fuiste mal diagnosticado. Los lentes que usas no sirven. Tienes astigmatismo, pero es minúsculo comparado con tu miopía" - dijo. "Hagamos las pruebas para definir el aumento".

Cuando empezamos con la clásica prueba de las letras, estaba horrorizado. "A,B,C,F,G..." - comencé confiado. Ya en la segunda línea tenía dificultades, hasta que en la tercera llegamos a la comedia: "eso podría ser una F... y una V... eso es otra V y una P... bueno, y la última podría ser una P o una B".

El resultado fue aún peor cuando el oftalmólogo cubrió uno de mis ojos y revisamos nuevamente las plantillas.

"Eso es A,C,E,K... y en la segunda línea... mmmh, ¿pasamos al otro ojo?" - señalé resignado, pero el resultado fue un desastre similar en la segunda ronda.

"Bien, ahora probaremos los nuevos cristales" - indicó el oftalmólogo (Yuri Mercado, excelente profesional, visítelo en Integramedica Plaza Oeste).

En ese momento, fue impresionante constatar lo mucho que me perdía con mis lentes antiguos. Si bien el aumento no era demasiado, el tipo de cristal que solucionaba efectivamente mi problema visual me abría un nuevo mundo. Estaba maravillado, incluso pensé en que los dolores de cabeza que sentía por las tardes, luego de largas jornadas en la universidad, podrían desaparecer.

Feliz recibí la receta y me dirigí a "Rotter y Krauss" en el mismo mall, en donde la verdadera aventura neurótica comenzaría...
 
Saturday, November 22, 2008
posted by Spooky at 11:19 AM

En general, no me considero un tipo desubicado. Soy bastante centrado en mis opiniones y cuidadoso al momento de emitirlas. Nunca he deseado causar daño con las palabras que salen de mi boca… en realidad sí, en más de alguna ocasión lo hice, en especial en fiestas familiares, puesto que mi familia es bastante especial y el veneno se transmite en las palabras y miradas.

Pero no nos desviemos, pues mi familia da para tema aparte. El punto central es que soy experto en hacer comentarios que llegan como palos a mi interlocutor, sin la intención absoluta de enviar misiles teledirigidos. Aquí va una muestra leve y otra bochornosa:

Me encontraba conversando con mi prima sobre un reality de canal 13 (que a estas alturas no recuerdo cuál de todos los “Protagonistas de la Bazofia” era), cuando dije: “¡detesto a Pedrita (no recuerdo el nombre exacto)!. Es una zorra, es ordinaria para hablar, se cree mina, es tonta, suelta, chillona… es una pérdida de material biológico”. Mi prima me miró horrorizada y me dijo: “¡Tatán!, no se te vaya a ocurrir decir eso delante del Manuel (el pololo de una de mis tías)… ¡ES SU AMIGA!”. Afortunadamente Manuel se encontraba como a 5 metros de distancia y ni se enteró de los adjetivos adolescentemente venenosos que utilicé.

En otra ocasión, Manuel volvió a ser la víctima de mis comentarios, pero en esta ocasión corrí menos suerte.

Nos encontrábamos tomando té en mi casa, con algunos tíos, incluido Manuel, cuando de pronto el tema de conversación evolucionó a Marco Antonio Solís y el reciente concierto a estadio lleno (y viejas hiperventiladas) del astro en Santiago. De pronto dije: “¿pero vieron el público?, yo lo encuentro medio rasca. ¿Quién va a esos conciertos?”. ¡OUCH!. El silencio posterior me indicó inmediatamente lo que venía, pues mi tía (la polola de Manuel) me mira con los ojos abiertos y me dice: “Tati, el Manu llevo a sus papás a ese concierto”. “FUUUUUUUUUUUUUCK!!!”, pensé. Como no tenía vía de escape, dije con mis mejillas ardiendo: “uuf, disculpa Manuel, pero es que ése era mi prejuicio. ¿Es muy rasca la gente que va?”. Así, intentando señalar que “yo me refería a los otros”, la conversación siguió su curso normal.

Esta boquita ácida siempre tiende a meterme en esta clase de problemas. ¿Cuál es la probabilidad que el pololo de tu tía conozca a una doña X de un programa de televisión?, casi 0, estoy seguro. Lo de Marco Antonio debo confesar que es bastante más común, pero qué diablos. Por la boca muere el pez, dicen, aunque no entiendo bien a qué se refiere el refrán popular.

 
Friday, June 20, 2008
posted by Spooky at 5:02 PM
El sábado siguiente tuvimos que asistir a la universidad para desarrollar 2 tareas en paralelo: la tarea final de marketing 2 y el flujo de caja para el plan de negocios del temible IN69B (el nombre de este curso es tan largo que nadie lo recuerda). Este lamentable panorama nos reunió a César, Gabriel, Jacqueline, Sara y a mí en una sala pequeña del Departamento de Computación. Como la proclamación de la "Teoría del Campo Unificado" había sucedido sólo un día antes, el tema seguía candente...

"César, mi torrent de Robotech al fin se descargó. Tengo las 3 generaciones de Robotech por fin en mi pc" - le conté a César muy animado. "¿Quieres que te grabe los episodios?".

"¡¡Oooh!!, ¡¡bacán!!, bueno" - respondió. "Yo no era muy fanático en realidad, pero me acuerdo que me gustaba. Ahora podría verlas de nuevo. ¿Cómo se llamaba la mina cantante, esa que era como toda coqueta?".

"Linn Minmei" - respondió Jacqueline rápidamente, haciendo gala de sus vastos conocimientos de animé.

"Esa mina era para el jovencito piloto, no la otra mina... ¿cómo se llamaba?" - preguntó César nuevamente.

"Lisa Hayes" - contesté. "Ella sí valía la pena pues César: seria, inteligente, sensible y madura. La otra era una suelta".

"No po Christian, la mina era latera. Latera total. Lo que pasa es que tú la estás evaluando así porque eres tipo 1" - dijo César, poniendo en el tapete su controvertida teoría nuevamente.

"Pero la otra era muy suelta. Bueno, en realidad él tampoco era muy serio. Creo que en ese sentido se complementaban bien" - propuse.

La famosa teoría apareció esporádicamente durante toda la mañana de ese día, sin embargo, a la hora de almorzar, se convertiría en el tema principal de debate...

"Yo creo que al final, las minas tipo 2 en su gran mayoría pasaron por la fase 1 y la pasaron mal" - comenzó César.

En ese momento, Jacqueline levantó sus manos como acusándose y dijo: "bueno, a mí me pasó en tercero. Yo era tipo 1 hasta tercero".

"¿Tercero básico, tercero medio o de acá?" - pregunté.

"No, de acá. 'La guagua' po, con 'la guagua' quedé mal" - dijo Jacqueline crípticamente a Gabriel.

Mientras ambos seguían comentando en voz baja, Sara me preguntó: "Christian, ¿qué guagua?". La interrogante además era compartida por César, quien me miraba con cara de completo desconcierto.

"¿Es que no saben?. La Jacqueline abortó en tercero porque se volvió loca, estaba esperando guagua" - respondí, conteniendo la risa.

"¡Noooooooooooo!, ¿en serio?" - exclamó Sara con cara de horror. César, por otro lado, exhibía una sonrisa y me lanzaba una mirada diciendo "yo no caí".

"Jacque, ¿en serio abortaste en tercero?" - la interrogó Sara.

"¡¿Queeeeeeeeeeeeeeeeé?!" - chilló Jacqueline. "Christian tenía que ser, ¿qué le dijeron?".

"No Sara, si es broma. 'La guagua' es un niño que le gustaba a la Jacqueline" - corregí.

"¡Chris!, no me hagas eso. Si tú me dices que la Jacque abortó, yo te creo, más si me lo dices tan serio" - se quejó Sara. "Ya, queremos nombre Jacque".

"No, es que es muy popular, mejor dejémoslo en 'la guagua' para que nadie se entere" - respondió escueta la imputada.

La conversación siguió un curso irregular, hasta que Jacqueline dijo: "Si uno visita otro país, lo mínimo que hay que hacer para acostarse con alguien es exigir un test de VIH. Yo lo haría".

"¿Escucharon?, ¿ven que tengo razón?, ¡hasta la Jacqueline me apoya!" - dije exaltado, en especial debido a la loable concordancia de nuestras opiniones, que en el 99.9% de los casos no ocurre.

"¿Qué cosa?" - preguntó Sara.

"Ah, bueno, es que Christian dice que cuando se acueste con alguien, va a pedir un examen de VIH como mínimo" - le contestó César, resumiendo la conversación del viernes por la tarde.

"Chris, a mí me parece muy bien. Yo también opino lo mismo. Uno no se puede embarcar en relaciones sin saber a priori qué cosas puede tener la otra persona. No es tan sencillo" - me apoyó Sara.

"¡Ahhh!, es que ustedes son tipo 1 po" - dijo César, minimizando la situación.

"Pero si la Jacque opina lo mismo" - me quejé. En ese momento miré a la aludida y me sorprendió de sobremanera que no atacara mi planteamiento.

"Pero piensen, si dicen eso, de seguro los van a mandar a la chucha" - respondió César.

"Bueno, entonces mala suerte. Eso quiere decir que la persona quería algo fácil, no estaba interesada en ti" - postulé.

"Miren, a mí me pasó hace poco con alguien. Quería que pasara algo entre nosotros y yo le dije: 'con exámenes primero, recién nos estamos conociendo'" - ejemplificó Sara. "Entonces, el huevón salió corriendo".

"¿Viste?, ¡te quedaste sola po!" - acotó César.

"Pero está claro po, era pura calentura. Mejor que se busque alguien que quiera lo mismo. Claramente el tipo no estaba interesado en la Sara como persona, sino que quería algo rapidito y chao" - argumenté.

"Bueno, en fin. Ya saben cabros, si alguien quiere acostarse con Christian, tengan en su billetera un examen de VIH. ¡Ah!, eso es otra cosa, ¿y si te falsean el examen?, ¿si te hacen un documento Word todo charcha y te pasan gato por liebre?" - me desafió César.

"No po, es que yo voy a ir también" - me defendí.

"No Christian, ahora sí que estoy en desacuerdo contigo. No podís ser tan controlador tampoco" - se opuso Jacqueline.

"No, perdón, quizás me expresé mal. Quiero decir que yo también me lo aplicaré. Me da pánico sacarme sangre, pero iremos juntos, para demostrar que yo también me la juego y que me importa, ¿cachai?, que no es capricho, que es un inicio desde cero para ambos" - planteé nuevamente.

"Eso sí Chris, me parece muy bien" - dijo Sara, entonando "Chris" como siempre lo hace.

"Pucha Christian, entre tus tests y tus calzoncillos largos..." - insistió César.

"¿Qué pasa con los calzoncillos largos?" - preguntó Jacqueline.

"¡Ah!, ¿no sabían que Christian usa calzoncillos largos cuando tiene frío?" - contraatacó César, aprovechando la oportunidad.

"Sí... y yo uso mi pijama debajo del pantalón" - se acusó Gabriel cuando lo miró Jacqueline.

"Yo encuentro que es pésima idea. Imagínate te 'salta la liebre': te estás dando besitos con una mina y se sacan la ropa. La mina se muere si te ve en calzoncillos largos" - propuso César con su tradicional tono humorístico.

"Pucha, le dices que espere un poquito, vas al baño y te los sacas" - respondí, intentando dar solución a su dilema.

"¿Y sales con las cuestiones debajo del brazo?" - contraargumentó mi interlocutor.

"No po, los dejas en el baño y te los llevas al día siguiente" - intenté dar una salida lógica al dilema.

"Claro, y si la mina entra al baño y los ve, de seguro va a decir: 'uuuy, se le quedaron los calzoncillos largos a mi abuelito'" - respondió César con un tono chillón, desatando nuestras ruidosas carcajadas.

"Sara, ¿a ti te importaría?" - interrogué a Sara cuando las risas cesaron.

"No, en realidad no. Si tienes frío, está bien" - contestó Sara.

"Puta, porque ustedes son tipo 1 po. Pero no me digan que no es matapasiones usar calzoncillos largos" - insistió César.

"Sí, de verdad que es matapasiones heavy" - asintió Jacqueline. "Además, no estás considerando algo: Christian y la Sara son tipo 1, a ellos no les 'salta la liebre', ¿cachai?, ellos se preparan y se hacen expectativas".

"Sí, en realidad, antes que me 'salte la liebre', preferiría que fuera una experiencia súper especial" - dije.

"Ah no, es que no siempre va a tener ese significado que tú quieres po" - añadió César.

"Pucha, pero yo apunto a eso. Ojalá que sea tan especial que me ponga nervioso prepararme" - respondí resignado y escueto. En realidad, pensé: "pucha, ojalá sea tan genial que sienta mariposas en la guata toda la tarde previa y la siguiente, que me dé gusto despertar acompañado el día después y que sienta que descubrí algo nuevo y genial, con alguien por quien aperrar efectivamente vale la pena", pero me di cuenta de lo idealizado que sonaba y de las vagas esperanzas que quedan en estos tiempos para cosas así.

"¿Viste Christian?, te quedaste pegado en Shakespeare" - me bombardeó César.

"Sí po, es verdad. Insisto: leer a Shakespeare en la adolescencia me dejó los cables pelados" - acepté con dignidad.

"Ya, es hora de volver a trabajar... ¿quién quiere irse a la casa mejor?" - propuso César.

Nos miramos con complicidad, pues en nuestro interior, todos deseábamos regresar temprano.

"Es que yo tengo lata de trabajar..." - aceptó Jacqueline.

"Yo creo que todos" - intentó consolarla Gabriel.

"Bueno, 15 minutos más y volvemos. Conversemos hasta las 3..." - postuló Jacqueline con celular en mano y todos aceptamos.
 
Monday, June 16, 2008
posted by Spooky at 9:18 PM
Más tarde ese viernes, nos dirigimos a "Gémines Consultores" con el fin de realizar una entrevista para el plan de negocios que estamos desarrollando con César y Gabriel. Aproximadamente a dos cuadras del edificio en que se encuentra emplazada la consultora, existe un local de Starbucks, de modo que aprovechamos la ocasión y disfrutamos de un rico café mientras dialogábamos...

"Gabriel, tienes que escuchar la nueva teoría de César, es muy interesante. Ya César, cuéntale a Gabriel" - motivé a César.

César explicó a Gabriel su teoría de la segmentación, esta vez enfocada a la población en general. Gabriel escuchaba con atención, hasta que la exposición culminó y dijo: "¿Sabes?, te encuentro razón, es verdad".

"Christian, por ejemplo, es un tipo 1 claramente. Yo soy tipo 2, soy más práctico. ¿Y tú, qué tipo eres?" - lo interrogó César.

"¡Alto!, ahí sí que no vas a encontrar respuestas, porque Gabriel es súper hermético con estos temas" - interrumpí a César, haciendo uso de mi conocimiento de la personalidad de Gabriel.

"¿En serio?, pero herméticas son las bolsitas Ziploc po... ¿a ese nivel?" - bromeó César.

"Sí, soy hermético, pero yo me clasificaría en el tipo 2" - respondió Gabriel con plena tranquilidad.

"Gabriel Ziploc, ése es tu nuevo apellido" - insistió César. "Pero yo creo que los tipo 1 están súper mal enfocados".

"Mira, el gran riesgo de ser tipo 1 es que aparece alguien del tipo 3, disfrazado de un tipo 2 o incluso 1, el tipo 1 auténtico se engancha y murió. Luego de eso viene sufrir por mucho tiempo y perder la esperanza de volver a sentirse tan especial como antes" - sentencié.

"Sí, es verdad. Yo conozco muchas niñas tipo 1 que fueron engañadas por imbéciles" - añadió Gabriel.

"Y en mi consultora de asuntos amorosos he tenido muchos casos así. He visto gente llorar por ese tipo de incidente" - agregué.

"¿Viste?, entonces, lo que tienes que hacer es probar" - concluyó César.

"No po, lo que hay que hacer es refinar los radares" - propuse.

"Pero Christian, imagínate que esa chica del café te pregunta algo y te deja su teléfono. ¿Qué haces?" - me interrogó César.

"Pucha, no sé, no la llamaría. Depende de sus intenciones" - contesté. "Además, mira, es simple: yo soy virgen. No puedo meterme con alguien que tiene un historial de quizás quién sabe cuántos nombres. Yo antes de acostarme con alguien, voy a exigir alguna clase de test".

"¿¡QUEEEEE!?" - contestaron a coro.

"Sí po. Es decir, no me importan los nombres del historial ni las cosas de quiénes se mezclaron con las tuyas. Sólo quiero saber que si aperramos desde hoy en una relación, partimos en igualdad de condiciones" - respondí muy seguro. "Además, sería mutuo. Yo también me voy a aplicar el test de VIH al mismo tiempo".

"No po hueón, no podís decir eso. Claramente a ti no te preocupa porque vas a ganador, pero ¿y la otra persona?" - contraatacó César.

"Es que tengo que aminorar el riesgo de algún modo po, es lógico. No me quiero pegar cualquier cosa por atender a un llamado biológico básico" - sentencié.

"Pero Christian, imagínate que alguien te invita a atinar... ¿le dices: 'No, no, sin test de VIH no'?. Imagínate le dijeran algo así a la Jacque o a tu amiga Sara, ¿no crees que se sentirían ofendidas?" - propuso Gabriel.

"No Christian, es que te mandan a la chucha altiro con esa propuesta. Además, usas condón pues" - resumió César.

"César, pero es mi opinión. Yo sólo estoy tratando de no perder la cabeza. Me carga cuando mis congéneres piensan con el pene" - me quejé.

"Christian, es algo biológico, no puedes ir en contra de la biología" - insistió Gabriel.

"Pero dónde está nuestro cerebro, dónde nuestra capacidad evolutiva de tomar decisiones" - añadí.

"Christian, las decisiones muchas veces se toman a partir de la emoción, no de la razón" - sostuvo Gabriel.

"No Christian, entre tu test y tus calzoncillos largos, creo que si no te metes con gente tipo 1, te quedas solo" - finalizó César.

"Eso es otra cosa Gabriel, ¿sabías que según César los hombres no pueden sentir frío desde la cintura hacia abajo?" - desvié la conversación.

"¿Cómo es eso?" - preguntó Gabriel.

"Que César dice que simplemente no podemos sentir frío. Él no siente, le basta con pantalones. Yo le dije que usaba calzoncillos largos cuando hace mucho frío y también le conté que a veces tú te quedas con tu pijama debajo. Según él, me quedé en el tiempo del 'Señor de la Querencia'" - agregué.

"César, ¿nunca usaste el pijama debajo del uniforme en el colegio?" - preguntó Gabriel con incredulidad.

"Nooo, qué mal, es como andar con doble ropa. Se me imagina que es como ser una longaniza" - respondió César.

"Gabriel, pero cuando usas el pijama, ¿te lo cambias en la noche?" - lo interrogué.

"No po, me meto a la cama tal cual. ¿Tú tienes pijama de noche y de día?" - preguntó Gabriel con sarcasmo, a lo que contestamos con carcajadas automáticas.

"No, pero tengo varios pijamas para cambiarme. Si me quedo todo el día con un pijama, me lo cambio en la noche y dejo el viejo en el canasto de la ropa sucia" - respondí.

"Está claro que 'Christian de la Querencia' es tipo 1, ¿cierto?. Ay los tipo 1, pobres de ustedes..." - se burló César y nos volvimos a reír.

La cita finalizó con risas y bromas varias, pero los calzoncillos largos, los tests de laboratorio y la "Teoría del campo unificado" serían nuevamente protagonistas en la conversación (y las carcajadas) del día siguiente.
 
Sunday, June 15, 2008
posted by Spooky at 11:34 PM
"Christian, ¿sabes?, le contaba hoy a la Paty en el laboratorio de química que tengo una teoría sobre las minas" - me dijo César mientras caminábamos en dirección al metro Toesca.

"¡Uhhh!, ya me imagino que es otra teoría machista" - contesté.

"No, nada que ver. Mira, yo creo que las minas se clasifican en 3 segmentos: el primero es el de las tiernas, súper románticas, que te ponen apodos bonitos y que son súper idealistas. Ellas esperan que llegue un príncipe rubiecito, de ojos azules, que las lleve en un caballo blanco y vivan en un castillo para siempre. Esas minas quieren casarse, no les gustan las cosas pasajeras" - comenzó César a esbozar su teoría. "Luego están las minas tipo 2: ellas son más aterrizadas, son más prácticas e independientes. No son para cosas pasajeras, pero tienen los pies en la tierra. En el largo plazo quieren estabilidad, pero cachan que no todo es bonito con las relaciones".

"¿Y las tipo 3?" - me adelanté. "Sueltas, ¿no?".

"Bueno, las tipo 3 son ésas que les gusta pasarlo bien. Si alguien les dice: 'estoy solo en mi departamento', mientras bailan en un carrete, esas minas aperran no más. Ellas poncean" - finalizó César.

"Yo creo que tu teoría está un poco sesgada por tu machismo. Yo no creo que las divisiones sean tan rígidas" - contradije a César.

"Pero Christian, si es evidente. Por ejemplo, imagínate a los gallos jotes en los carretes, ¿tú crees que se fijan en las tipo 1?" - argumentó César. "¡No po!, ellos saben que ahí no pasará nada, que les dirán que no. En cambio, si apuntan al segmento 3, de seguro salta la liebre".

"Yo creo que en los carretes, la gente cuando está ebria, apunta a cualquier segmento, porque pierde la cabeza. Yo creo que la gente se mezcla con distintas expectativas y es capaz de mentir para acostarse" - contraargumenté.

"Mira, tenemos que contarle esto a la Jacque para ver qué opina. Me gustaría saber la opinión de las minas y saber cómo ellas nos segmentan a nosotros" - propuso César.

La idea de César me parecía poco convincente en aquel momento, pues las divisiones sonaban un tanto rígidas al momento de clasificar a las chicas. Por ejemplo, pensé en mi amiga Jacqueline, que si bien es práctica y poco romántica (tipo 2), siempre he creido que guarda en su interior la esperanza de conocer "al hombre indicado" y de tener una relación estable (tipo 1).

El momento propicio para poner a prueba las ideas de César llegó el pasado viernes, cuando fuimos a comprar té, café, galletas y sandwiches al terminar la clase de "Ingeniería en Marketing". Nos sentamos en los cómodos sillones del Centro de Estudiantes de Ingeniería y el show comenzó...

"¡Uuuh!, César tiene una teoría muy buena que contarles" - les propuse a mis amigas Sara y Jacqueline. "Ya César, aprovecha. Cuéntale tu teoría sobre las mujeres".

"Nooo, Christian... nooo" - respondió César, con cara de congoja.

"Ya jefa, te escucho. Ya sabemos que tienes algo que decir y no nos iremos hasta que nos cuentes" - dijo Jacqueline a César.

"¡Ayy Chris!, qué teoría tiene César ahora" - expresó Sara, cubriéndose el rostro con una mano.

Jacqueline volvió a insistir. Sara se sumó a su entusiasmo. Así, César no tuvo más remedio que contar su teoría.

"Te encuentro toda la razón. Es verdad, hay minas soñadoras, minas aterrizadas y minas calientes" - resumió Jacqueline.

"¡Jacquee!" - exclamó Sara horrorizada. "No César, yo encuentro que es muy simple tu análisis, no puedes clasificarnos tan fácil, en 3 segmentos".

"Es que son términos generales Sara, hay que reducir la varianza intra-grupo y maximizar la inter-grupos" - bromeó Jacqueline, produciendo una risotada colectiva.

"Bueno, pero con César queríamos conocer su perspectiva. Ustedes segmentan, ¿cierto?" - interrogué a Jacqueline.

Luego de pensar un rato y, al ver que Sara no podía responder a semejante demanda, Jacqueline comenzó a enunciar su postulado:

"Para mí existen 3 clases de minos: los minos 'especiales' (con un gesto de ternura), los 'especiales' (con un tono seco) y los 'especiales' (con un tono de 'saco de pelotas')".

"No entiendo, explícate" - la invité.

"Los tipo 1 son los minos lindos. No son minos ricos necesariamente, pero tienen algo lindo. Son tiernos y quieren cosas serias, no son para pasar el rato" - inició la descripción. "Los tipo 2 son esos minos menos románticos, pero si les funciona una relación, se mantienen fieles. Finalmente, los tipo 3 son los jotes, los minos calientes, que quieren puro pasarla bien y se agarran a cualquier mina y después ni siquiera llaman por teléfono. Esos minos son los desgraciados".

"Mmmh, sí Jacque, pienso lo mismo que tú" - respondió Sara.

"Esperen, esperen, ¿se dan cuenta del alcance de esto?..." - exclamó César sumamente excitado.

"¿Qué cosa?" - pregunté desconcertado.

"Es que entonces mi teoría es más general, los segmentos de la Jacque son iguales a los míos. Esto cruza géneros, gustos, orientación sexual... ¡es transversal!".

"Sí, puede ser... es verdad, creo que los segmentos de César se aplican a los hombres" - lo apoyó Jacqueline.

"Oooh, qué buena, esto es como la 'Teoría del Campo Unificado' de Einstein" - concluyó César, desatando una nueva carcajada grupal.

"Miren, veamos ejemplos tangibles. La Jacque por ejemplo, es tipo 2, claramente" - comenzó César la catalogación. "Es independiente, es práctica, poco tierna, pero seria. La Sara, por otro lado, es la tipo 1 por excelencia. Tú no te meterías con un tipo por una noche y después chao, ¿cierto?".

"No, por supuesto que no. Pero yo me considero tipo 2 en ese caso" - contestó Sara.

"No Sara, yo creo que eres tipo 1. Eres más romántica que las tipo 2, no creo que califiques para ese segmento" - le respondí.

"Y Christian... es tipo 1 claramente. Christian no se metería con nadie para pasar el rato, para él tiene que tener un significado 'especial'. ¿Se imaginan a Christian ponceando con alguien del tipo 3?" - prosiguió César, provocando una nueva ola de risas.

"No, es que eso es imposible. Christian le hace la cruz inmediatamente a la gente de tipo 3. Christian odia a esa clase de personas" - respondió mi amiga Jacqueline, dejándome perplejo por lo bien que me conoce.

"Es verdad, en realidad no me gusta la gente promiscua" - agregué.

"Christian, es que tú te quedaste en el pasado. Los tipo 1 son anticuados. Yo creo que te quedaste pegado en la época de Shakespeare" - bromeó César.

"No, en ese punto César tiene razón. No debí leer tanto a Shakespeare en mi adolescencia. Siento que me condicionó en términos de expectativas de relaciones" - acepté humildemente.

Las bromas derivadas de la teoría de César continuaron mientras se acababa nuestro improvisado segundo desayuno. Alrededor de 1 hora después, nos dispersamos, mas sabíamos que el tema tenía mucho más potencial para seguir explotando.