Afortunadamente, los sobrenombres que me asignaron nunca fueron ofensivos al máximo, excepto cuando en 6° básico (en el colegio Don Orione) y en 7° (en el Instituto Nacional) me molestaban por mi lunar en mi mejilla izquierda (que tarde o temprano removeré con cirugía, pues me resulta un tanto incómodo para afeitarme).
¿Qué sentido tiene este relato?. Bueno, simplemente funcionar como catarsis. Se me ocurrió cuando me encontraba revisando una caja antigua de cachureos (agendas viejas, recortes, tarjetas, juguetitos, etc.) y aparecieron los recuerdos que escaneé y pongo a disposición de ustedes. He aquí el listado de mis más célebres sobrenombres:
- Teletubbies: Bastante bochornoso para un adolescente en una jungla de testosterona (como el Instituto Nacional). Todo comenzó cuando mi mejor amigo en ese momento (y hago énfasis: **mi mejor amigo**) me pilló tarareando un día la canción de esta serie. En lugar de burlarse de mí en privado, no encontró nada mejor que gritar al mundo que yo era fanático de los “Teletubbies” y que me creía “Twinky Winky” (el mono horrendo de cartera, para peor). El chiste prendió como pólvora con bencina. Hasta 4° medio no pude deshacerme del apodo y el caricaturista del curso (el simpático “Prune”), me retrató como tal.

- Mr. Gogó: ¿Quién era Mr. Gogó?, nadie lo sabe. Pero en 7° y 8° se originó este sobrenombre a partir de “Mr. Magoo”. Un chistoso compañero decidió ponerme así porque me encontraba “cuico” y “cartucho”. ¡Qué alejado de la realidad estaba!... por lo menos con lo de “cuico” (vivo en Cerrillos, eso me resta puntos inmediatamente, ¿no?). ¿Cuál fue mi consuelo?: el comediante reprobó y lo expulsaron del colegio.
- Mickey Mouse: En 1° medio descubrí que quería tener artículos con la cara de Mickey Mouse (estuches, cuadernos, poleras, etc.). Mi papá enfurecía con este afán, pues le parecía nefasto que un adolescente de 14 años viviera en el mundo “Disney” en lugar del atractivo mundo carrete-carteo-fútbol. Lamentablemente para mi padre, siempre he sido bastante obstinado con mis intereses, de modo que fui en contra de la corriente y gratuitamente recibí el apodo de Mickey. Ya en 2°, 3° y 4° medio se convirtió en privilegio de mis amigos (“Mickey” para los amigos), de modo que la molestia que me originaba menguó completamente.
- Psyduck: Un amigo me bautizó como “Psyduck”, puesto que en 3° medio desarrollé sinusitis y en invierno vivía con dolores de cabeza. Esto, junto con mi afición por el RPG de Pokémon (en ese tiempo: Blue, Red, Green y Yellow. Hoy: miles de versiones), reafirmó este mote (Jejeje, un guiño a los traductores gratis de internet) que apareció hasta en mi anuario.
- Harry Potter: ¿Quién tiene un amigo que use lentes y que no haya sido apodado como este mago patético?, ¡nadie!. Más que avergonzarme por el nombre en sí, me enfurecía el poco esfuerzo por encontrar un sobrenombre original y fresco. Como en 4° medio viví la explosión potteriana, todos en el curso me llamaban así. Incluso me caricaturizaron con miras al anuario.

- Zorra: Sin comentarios. “Prune”, quien se consideraba mi amigo, comenzó a “zorrear” a todos sus cercanos. Josué, César, Gustavo, Yo… ¡muchos otros!, todos sucumbimos ante su manía de llamar “zorra” a sus amigos (algo así como Gabriel en la universidad). De todos modos le imprimía un tono gracioso a la broma, pues luego de decir “zorra” se reía y frotaba sus manos como Mr. Burns. Tanta fue su “zorra-manía” que me caricaturizó como el animalejo en cuestión.

- Jañaña: Teóricamente nacido de un chiste visto en televisión, me apodaron así porque mi apellido (Araya) sonaba parecido. Fome e irritante (como la televisión chilena).













