Debo confesar que me gusta mucho que me regalen calzoncillos (boxers) o calcetines para mi cumpleaños. Hay gente que encuentra que es un regalo pobre, incómodo, inapropiado o incluso sugerente. Sin embargo, en mi opinión claro está, se trata de un aporte práctico y sencillo.¿A qué se debe esto?. Pues bien, desde que vivía en casa de mis padres, nunca fui un gran comprador de este tipo de prendas, de modo que les pedía subsidio para su renovación sólo cuando alguno dejaba de funcionar. Ojo, que para dejar de funcionar no sólo bastaba con estar desteñido, sino que visiblemente ajado, roto, elástico suelto, hilacha colgando, etc. Dado que en ese tiempo tampoco estaba interesado en sacarme la ropa ante otras personas, no tenía ningún problema en encargar a mis papás un par de boxers o calcetines desde el supermercado (y Líder más encima).
Hoy, viviendo solo, la realidad no es muy distinta: si bien es cierto me he preocupado de tener un stock suficiente que me permita rotar las prendas y cubrir el catálogo según las necesidades de lavado (lavo como 1 vez a la semana + 1 lavado de caridad que hace mi santa madre cuando me visita los días jueves, generalmente), sigo enfrentando ese problema que de repente no tengo más calcetines que ese viejo par gastado, feito, desteñido y apunto de agujerearse (no uso calcetines con hoyos, eso sí que no, me exaspera sentir el zapato a piel descubierta) o aquellos boxers gigantones, incómodos, con elástico suelto (o muy apretado), esos calzoncillos que compré y nunca más usé porque me hacían transpirar por todos lados, etc. Claro está que ahora tengo motivos para cuidar mi ropa interior, pues: 1) es bien matapasiones ver a alguien con un calcetín con papa o un boxer con hoyos; 2) una vez mi amiga Vale llegó a mi casa justo cuando salía de la ducha, y me vio en calzoncillos, exclamando: "están bien walalas tus calzoncillos, ah!". Por supuesto que dicha exclamación nos causó una carcajada posteriormente, pero me hizo pensar que quizás mi criterio de renovación de prendas es poco estricto frente al común de la sociedad.
Finalmente, a pesar de que soy más cuidadoso que antes, tampoco estoy interesado en gastar un dineral en boxers para que aparezca sobre el elástico CALVIN KLEIN o lucir como ese tipo andrógino de las propagandas de TOP que posa en los paraderos de Transantiago (es andrógino, ¿cierto?). En este punto, me cuesta comprender a congéneres que gastan mensualmente un dineral en el calzoncillo exclusivo, comprado por internet, pintado a mano, con diseños alternativos, firmado por el mismísimo diseñador snob del momento (exageración, lo sé)... ¿para qué?, si más encima la mayoría están solteros... aunque pensándolo bien, ahí puede estar la madre del cordero.











